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Irene Mendoza

Irene Mendoza

Mi nombre es Irene Mendoza Gascón y soy escritora.

Aun me cuesta decir que soy escritora. Antes de revelarlo, de expresar esas dos palabras que me definen, todavía siento una especie de pudor inexplicable que me hace tragar saliva y titubear.

Provengo del mundo de las Bellas Artes, es mi carrera universitaria y antaño, cuando decía que era artista, me ocurría lo mismo.

Coincidiendo con el nacimiento de mi primer hijo, durante un periodo laboral difícil en el que no pude desarrollar ningún tipo de trabajo creativo, la necesidad imperiosa de ´´crear´´ que siempre he tenido se trasladó al papel.

He de aclarar que creo que me he pasado del lápiz a la pluma porque al escribir no siento ese miedo que me daba el lienzo o el papel en blanco. Experimento algo mucho más apasionante y satisfactorio al escribir que no siento cuando dibujo o pinto. Es más, pintar me pone nerviosa y escribir todo lo contrario.

Soy del gremio de esos ensimismados que estamos todo el día soñando despiertos, observando el mundo, inventándonos otras vidas, dando vueltas a ese desenlace que se nos resiste, capturando sentimientos e intentando recrearlos mediante palabras, desnudando el alma para conseguir plasmarla en libros, mediante poemas, obras de teatro, guiones de cine o canciones, intentando hacer que otros piensen, rían o lloren.

Porque ser escritora es como desnudarse en público. Me siento expuesta y por eso pienso que soy demasiado reservada y tímida para este oficio. Esa es la parte que me cuesta, la del autobombo. Pero también sé que quiero hacerlo. Porque de eso va la cosa, de hacerse oír, de gritar, a veces solo susurrar.

Soy escritora y llevo una doble vida. He sido becaria en una agencia de publicidad, dependienta en tiendas de ropa y de juguetes, dando clases particulares de dibujo, en una fábrica poniendo tornillos, como diseñadora gráfica o en una imprenta haciendo tarjetas de defunción, pero cuando todos duermen escribo historias con argumento, nudo y desenlace que a veces incluyen escenas eróticas y ningún juguete para niños.

Soy escritora y está claro que no es un trabajo normal, de 8 horas diarias, con dos pagas, vacaciones y jubilación. Escribir es un trabajo elegido, vocacional, extraño, diferente, sin horarios y solitario. Yo no lo llamo trabajo, para mi es mi oficio.

Es duro y desagradecido pero a la vez es como un regalo. Se arañan minutos para poder dedicar tiempo de tu vida y de los tuyos a esos personajes que no existen más que en tu cabeza y que dan vueltas y gritan dentro de ella durante todo el día y a veces durante toda la noche.

Porque escribir una historia e intentar convertirla en un libro es sangrar. Sangrar en soledad. Se trata de escribir cada día, sin descanso. Hay que proponérselo, hay que hacerlo. No hay que procrastinar, no hay que desfallecer, no hay que perder la fe.

Por ahora he logrado desnudarme y ahora solo queda sangrar mucho.

Un sueño referente a mi infancia y mi estancia en Londres fueron el germen de mi primera historia. En diciembre de 2008 terminé mi primera novela. El tiempo detenido, una historia de amor contemporánea con el trasfondo de la violencia terrorista en los años de plomo en el País Vasco. Desde entonces no he dejado nunca de escribir.

Hasta la fecha, he escrito cuatro novelas más: 10 cosas que quiero hacer… contigo, novela romántica contemporánea que publicaré este agosto con HQÑ, Grandes Esperanzas 1 y Grandes Esperanzas 2, ambas eróticas y Llueven diamantes sobre Júpiter y Saturno un thriller con toques de erotismo.

En la actualidad trabajo en la documentación de una nueva novela, Las cosas bellas, ambientada en Cuba, en 1958, y tengo en mente dos nuevas historias. Una ya tiene título, Forever & Always. La otra va ser mi primera incursión en el género fantástico y aún no tiene nombre.

Si queréis saber algo más de mí, puedo deciros que soy de Bilbao, que me encantan los gatos, las estrellas, el té, el café, los bombones de licor, las flores, dibujar, leer, el cine, que Boy Epic es mi cantante favorito y me gustaría haber sido francesa. Pero lo realmente importante es que escribo historias sobre ti, sobre mí, sobre él, sobre ella. Así que ten cuidado con lo que me cuentas porque puedo convertirte en uno de mis personajes.

HarperCollins Ibérica
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